Ser el más rápido

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Yo quería ser médico. Quería estudiar medicina con lo más profundo de mi ser. Quería salvar vidas en primer lugar; vidas inocentes o no tanto. Quería salvar vidas indiscriminadamente y quería hacerlo yo misma. Quería extirpar tumores, a poder ser cerebrales. Quería arreglar válvulas, trasplantar riñones… quería mirar a la muerte a los ojos durante el resto de mi propia vida.
No quería ser amable, ni buena persona, ni cuidar a nadie. A mi la gente me desespera, por bien o por mal. Yo ni siquiera quería tener contacto con las personas, solo quería arreglarlas. Trabajar en un quirófano arreglando humanos como quien arregla vehículos en un taller. Solo quería mirar a la muerte a los ojos, ser fría, rápida, constante y por ello ser capaz de salvar vidas con mis propias manos.
Otra opción era ser forense, trabajar con la policía, hacer justicia. Buscar criminales, saber leer cada marca en un cuerpo que sucumbió ante la muerte, y de nuevo mirarla a los ojos. Esa era mi pasión, de nuevo, ser médico de una u otra forma.
A algunos esto que digo con total sinceridad les parece desagradable y, a muy pocos, admirable. Me da igual. Solo quería hacer bien, ser útil a mi manera.

Total que no, que no soy médico ni voy camino de serlo. Intenté entrar en medicina por activa y por pasiva y no lo conseguí. Pero si nada cambia mis planes salvaré vidas. Haré cosas para que quienes miran a la muerte a los ojos salven vidas. Y finalmente, aunque la sensación de adrenalina quizá no sea la misma, salvaré vidas.

Le di muchas vueltas, me costó asumirlo, pero no voy a ser médico porque, por la causa que sea, no conseguí estudiar medicina. Pero la vida, la mía al menos, no se acaba. Yo fui la más rápida de muchos. Y la única, de hecho. Y como tal, tengo que hacer honor, y con orgullo digo que soy la más rápida de varios miles que no salieron adelante y nadie me lo puede quitar. Y, al igual que yo, Amancio Ortega, Mick Jagger o cualquiera con la capacidad de leer esto (o simplemente la posibilidad de que alguien se lo lea) tiene esa misma obligación: estar orgulloso y hacerlo saber.

Por ello, hoy, declaro y dejo constancia de que defenderé cada día tal condición y jamás daré por terminada mi vida hasta mirar a la muerte a los ojos; ni siquiera ante un pistacho cerrado, o una muela rota al abrirlo, ni las crisis cualquiera que sea su tipo, ni una persona que tiene la voluntad de irse de mi lado, ni la que tiene la voluntad de quedarse, ni la mala suerte de dormir sola o acompañada, morderme la lengua, atragantarme cinco veces al día, que mi madre escuche a Carlos Baute o mi pareja a Justin Bieber, ni siquiera tener que comer guisantes, ni nada que pudiera, subjetivamente, hacer que se viese alterado mi estatus de Ser Más Rápido de un Conjunto de Varios Miles, lo hará, porque al fin y al cabo… yo soy El Espermatozoide Ganador.

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